HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Hoy un poco de la noche, del vino, del quizás. Tu corazón abollado entre esos trenes mercancías que atravesaban el norte y aquí, el borde de mi inmemoria también desnucaba en tus ojos la flor de la mandrágora. Y acogía en la distancia comprometida.. ese baile de perros, contigo tirando esas piedras a los espías de la noche, entrando como rayos al mutismo de ese camino cuando decidiste arder antes de ser la complicidad de lo inmóvil. Y el calendario mudó tu mirada, en pólvora que seguía avanzando por el desierto detrás de la canción. Aunque los sudarios de los muertos pesaban la belleza del valle en algo inaccesible. Desatarse... acudir a los labios del fuego, con esa canción desabrochada en las manos que se abren y toman de la lluvia los ladridos que siguieron cada noche el rastro de supervivencia con machetes y bailes brujos.. levantando la aurora cuando casi no nos teníamos en pie.

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