HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

la poesía miente

Pero tampoco fue todo de la épica.. a veces escribo como si fuera la última superviviente de Marte, y eso ocurre, porque se ha tragado también el fango de todas las alcantarillas, porque se ha andado mucho más abajo que los reptiles robándole el estiércol a las moscas. Cuando me pongo heroica, es porque tuve en ese mismo grito, clavado el cuchillo del naufragio y fui todo lo abominable que había soñado mi espada. 
La poesía miente muchas veces. La poesía quiere cantar las azañas de los héroes desheredados, de las pistolas ácratas, del valor de los kamikazes saltando como una jauría contra los carros de combate. La poesía parece que se pone pálida si habla de tu lágrima metida en mi bolsillo como un sudario. En la poesía rara vez los personajes cagan leyendo el periódico la razón, muy rara vez tienen gases tóxicos quedando mal con los vecinos y con el cielo. Los poemas no quieren ese condón usado sobre tu vientre cuando tenemos moratones de la amnesia etílica o nos despertamos con vómito sobre la cara y la dignididad perdida y amasacrada sobre vete a saber qué libro quemado. Los poemas rara vez hablan de las horas de la cobertura con las cucarachas, sacándose los mocos, mirando a un periodista por la televisión hablar de los muertos como se habla de las rayas del paso de cebra. La poesía miente porque quiere ser hermosa. Y olvidamos que la belleza ha nacido ahorcada en un mundo capitalista. Donde pertenecemos a una especie que tiene litros y litros de mierda en las raíces de la sociedad en la que nacimos y hemos tomado por herencia de la mierda de la sociedad de nuestros antepasados, los que dejaron morir a Durruti y a Peter Pan. 
Yo también soy una completa farsante, siempre quiero quedar bien con el Conde Drácula y utilizo las metáforas para ocultar mis sepulturas y mis retretes atascados. Yo también quiero ser como tú, hija de la gloria y que todo lo que salga de mi vagina sea oro relucido, semen de Cristo y odisea. Yo también quiero que mi vino tinto, me lleve volando a la luna y cuento muchos cuentos a las lombrices de tierra que viven pegadas a mi corazón alimentándose de mis propias palabras y cubos de la basura. Yo también escondo mi escandaloso esperpento y fealdad dándole el pecho al muñeco-araña. Yo también canto las azañas de la cumbre de las ruinas... y sólo mi perro conoce lo mal que huelen mis babas cuando nos vamos los dos a la mar.

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