HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

La vida es también un canto violento de abstracciones zafarranchadas bajo el regazo de sal de la mar y del precipicio de absenta, arrugando tus epístolas en las huellas carnívoras de un tiro de viento sobre los pentagramas que aquella noche te ataron marzo desde mi abrigo a la ausencia.
Tengo que volver a la arena mojada de esos gramófonos de barro en patios de abedules... en tostadas canciones de una mirada a la montaña con la desnudez desbordada de una renuncia que vuela.
Últimamente he abusado de la suerte del infierno y he vuelto a desarrollar cierto delirio social y de ansia de inmortal vino... Tengo que cuidar mis facultades mentales un poco más.. aunque nunca darle a la vejez su casa en mi cuerpo. Pero no escurrirme del delirio. Me suelo sentir una bifurcación de mí misma... subiendo unas escaleras... acariciando tu cadáver en los ojos de los perros, llorándote y reviviéndote en la inefabilidad de las noches estrelladas. Apadrinada sobre un volcán que agita libros de madera quemada sobre los puntos de sutura del horizonte.  Me es extraña la idea de la normalidad.... sólo cuando me siento un animal más en la naturaleza.. cuando me penetra el viento y las olas, cuando me dejo ir, sin pretender del pensamiento una dirección, sino del aire y de sus brasas. Esa paz interior que a veces ocurre, cuando no se piensa, cuando no se codicia ningún gozo.. ni se lucha contra nada... cuando todo afirma como cascada de salvia... y se hace MOVIMIENTO, nómada pasión de sentirse bajo la madre-luna.

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