HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Llueve desapegadamente. Oigo el murciélago de la tinta amamantando lo que no me pertenece. Mi vida es un circo desvirgando señales y licores.. en la abrasión de lo inefable. Mi yo es una trampa de sudarios y purgatorios devorando la flor prohibida, codiciando secretamente el poder del cosmos, mientras soy todos los naufragios... mientras la inexistencia chupa la sal de tu reloj de arena y desmantela en los patios el crucifijo de cianuro bebiendo la inocencia con la dictadura de la materia inerte. Mi historia sólo es un embudo de manicomios y hachas... buscando el nombre de los ciervos en la penumbra. Soy la traición a lo que soy y el empuñe de su antagonia en los hocicos de los perros. Vivo jodidamente disfrazada por los jugos corporales de mi sombra y de mi sueño. Acorazada por la ira de los lobos y el vencimiento de la tierra vomitada. Soy la cobardía y el cuchillo de un anacoluto embestido sobre la farándula. Pagué todos mis errores con sangre de cocodrilo sobre tu sepultura. Pero esos errores fueron el delirio de la pólvora quitando de encima los asesinados por la cultura, por las zorras circunstancias de la raíz de ciprés macerada en mis exilios. Porque no es posible ser sincera, sino se toma el cuerpo de la nitroglicerina. Todo son harapos y cosidos, en el espíritu del valle atormentado por la luz de la luna. Lo sé, como apretar el gatillo de un poema mercenario y sufrir en mis heridas y en mis sueños su zorra oblicuidad con un sujeto-ambulancia y piano, demasiado dentro, demasiado fuera, para tomar las alas, para creer en el amor.

La soledad es lo más fiable para chupar el cielo y el infierno. La armadura está también preñada de lo endeble... negocia con tu canuto una armónica de la medianoche... secando las setas donde la humedad te convierte en la primera palabra de lo inexistido, en su niño acorralado detrás de tu ginebra, hacia la llamarada de esa isla volada por los aires cuando soltaste el primer verbo como una enfermedad que yo asimilé en la dirección del lenguaje engañando pronombres y tumbas... en el beso del éter.

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