HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Lo miré desde muchos templos y burdeles. Pero había un yo-insaciado y amnésico, con el cuchillo recien clavado en su corazón, con el ataque-defensa de las torvas de nieve. Con la laguna de una guitarra venenosa subiendo los grados del alcohol cuando callabas y desviabas el pomo de la puerta al desfalco de la ayahuaska sobre los caminos perdidos. 
El lenguaje era un laberinto. Recien nacido cada vez sobre la grieta señaladora de la tristeza de tus botas sobre el estiércol.. buscando una mueca insomne de la montaña oscurecida para volver a casa, meter los ladrillos al horno y la cabeza entre dos poemas afilando el desnucamiento del alba, donde una madre recoja los huesos rotos.

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