HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Mañana me iré al pueblo.. a esperar la nieve. A ensilarme en las trampas de mis balcones. A pasar con alegría el frío de lo que barrió el tiempo sobre el corazón del ciervo bombeando nuevas y zorras esperanzas a la pala de partir hielo entre los pentagramas que dejaste llenos de pólen de maría cuando no había dios que durmiera ni que llegara a ningún sitio.
Me voy con mis sueños de elefante estornudando las madreñas al lugar donde el blanco de tu papel me masturba la cuántica de la posibilidad promiscua del verbo y de la carne, respecto a la hoguera y al aire,  de otro quizás encinto de un cubismo y una masacre.
Yo no conozco el hastío. Conozco la desesperación. No conozco la felicidad, conozco la euforia y la cachimba de mi esquizo-duende.
Siempre hay muchas cosas qué hacer en el mundo que no existe. Esas guitarras de nieve se vuelven locas de absenta. Y las rutas del fruto del exilio enjuagan en tus labios un vals que bailamos sólo borrachos, cuando queremos desaparecer para siempre.
La soledad no es un problema, el problema es no cantar. 
Vivo en el zarpazo de un planeta lejano.. escanciando flores carnívoras de la hechura y echándose al pairo y al abordaje cuando se mueren de pena las piedras que no rompen la cara al policía.

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