HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me despierto... todo está blanco y bello, aunque ha nevado muy poco... He hecho café.. soñaba algo extraño que no recuerdo demasiado... todavía estoy dentro del subconsciente, con esa sensación de cielo derramado y la alegría de la nieve... la ausencia de los abuelos y de todos esos tiempos que devoran los cocodrilos y que ya nunca vuelven. Tengo que escribir y centrarme.. tengo que volver en algún momento a Maraiz y a Molot. Sigue nevando despacio. Mañana tengo que ir a buscar a Kavka. Los silencios tejen campanarios de niebla en la latitud de tu respiración dentro de los olivos. Se enfrentan canciones de amor a la desolación del amor en el suicidio de los pronombres y permanece un ladrillo y una disposición a la ausencia, penetrada por los horizontes oblicuos. Estoy contenta de las inefabilidades... rodeada por un pentagrama de puntos suspensivos entre epístolas etílicas que se hundieron en el fondo de tu mirada como si pudieran beber desde ti.. el etanol de la obra. Aunque hace ya mucho y las esquinas no pagaron ningún vaso, ni las letras cosieron el barracón de tus olvidos. No pasa nada... también la irracionalidad de la pérdida toca su canción en algún lugar que no comprendemos y embiste con sus metáforas las ruinas de los lienzos.

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