HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Me he abierto una cerveza. Hoy el silencio es como aquella canción bajando por tu espalda en esa bañera de ruinas de marzo y sueños que estallaríamos dentro de la ginebra y la mar los seguiría llevando donde no volvería la palabra para hacerlo. 
Tal vez tengo algo de nostalgia de las vides descampadas en la herida de la luna. O saber que no podré controlar nada... vivir sobre la cresta, con la casa cautiva en la flor del naufragio, sin acogerla nunca con mi sombra, saber que mi espanto sería tener abiertas sus puertas como el aliento de una madre, cuando me he hecho a andar con el viento y con la duda, con un atentado de vehemencia cuando nos dejan volver los cuervos a la nieve. Sin ancla, sin te lo dije, sin yo podría evitarlo.
Con el amor como un fantasma descuidado en la radicalización de las señas cenizas de esas rutas desveladas del ansia de volar.
Y hoy oigo el retumbar de los cadáveres de tus lirios, muy cerca de mí, como si estuvieras revolviendo en mis cajones la ballena varada de aquél faro del delirio, como si pudiera asir mi mano a tus motivos.

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