HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Muchas otras veces fue así. Con tu mecedora pervertida por el desnucamiento de la datura en los abrazos-madre del cielo que se va a tomar por el culo cuando persigues esa cuerda para no perder el equilibrio. La retórica y la trampa, fue evitar su macabro entusiasmo, anudando falsos pronombres e historias peremnes que ya habían sido asesinadas por esas caravanas llenas de hachís al redoble de la muerte de un calendario cuando estamos a punto de caer al mar.
Ya había sido así, hasta el delirio de cuchillas de afeitar, sujetando tu vaso, desde la ruina de mi casa... y dándote la herrumbre de la literatura en espejos-agujeros de gusano de un destello cautivo. 
Lo que yo mentí, lo hice por miedo, y lo perpetró la lírica, el triunfo del polvo, la manipulación semántica y temporal de ese swim de espectros empujando los fracasos al juego del whisky y la tijera.
Mentí porque estaba triste y me sentí sola, niña y desarmada. Mentí por miseria, por credo de paralíticos bajo la osa mayor amasacrándose. Lo hice infielmente a la vigilia de esa otra medianoche en tus epístolas quemadas. Lo hice con desesperación y con vicio. Nadie se dio cuenta. Pero yo no podría permitirlo mucho tiempo. No podría el poema. Porque su alma y su armadura.. no se aguantan demasiado sobre la retórica de sí mismas expuestas a la galerna y al olvido.
Y estuvo bien así, el engaño escribió unas cuantas canciones y esquelas, invitó al vino y al pánico de sus resacas atormentadas bajo las zarpas del desierto. Sirvió para difamar la elipsis. Para engendrar esas hijas parricidas del renglón quemado. Un soneto de monos fumando chocolate cuando nunca hay navidad. Y blablabla.  La luz y la abolladura. El error gramático.. y la masturbatoria del alter ego cuando usamos el estómago de los jabalíes.

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