HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Nada se detiene. 
Nunca pude llevarte el renglón incendiario de mi colección de epístolas y pellejos en la taxidermia del viento bajo el delirio de tu vino.
Se quedó en la anemia de mi verso francotirando la escapatoria de la tormenta en la rasura de tu belleza sobre la curva de la desolación.
A ti te olvidé más fácil que a aquél abrupto y hechizante sentimiento del amor infinito del LSD y de las piedras amotinadas en la punta de tu espada sobre la lengua muerta de la nieve. 
Pero no te espera ya mi delirio en la casa de putas de la esperanza.
Yo también prostituí tu semen entre las tablas cromáticas de los espantapájaros y los colchones del cabaret.
Yo como tú hice literatura entre los cementerios, los templos y los barracones.
Y para que no fuera una llaga indivisible... le entregué la difamación de las metáforas, sobre los caballos del abismo, sobre la última palabra de la mar... y la inmensidad que nos quería bailando y no recogiendo huesos y basura.

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