HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

No hay reposo. La noche tiene hambre.. entrará en el fondo en el que te escondes cubierta por la benevolencia de las palabras, manipulando el agujero negro en el que naciste atrapada y en el que prostituiste el alcance de tu muerte para no mirar de frente esos ojos. Pero no hay escapatoria. Están dentro de ti, hirviendo la destrucción de la casa, todos los hijos abortados al pañuelo de queroseno de un verbo matríz y final.. de la misma viscosidad donde todo se mezcla y olvida.. en la dentadura postiza de otra obra impostora del grito de la soledad.
Porque aquí abajo, teloneros y proxenetas, chuparon de la taxidermia del cartero tu aliento de sangre en su bragueta descarrilando marzo donde el eco atormentaba el grumo de sal que el infierno sacudía en tus cerillas. Pero no era el infierno. No era el cielo. Nunca existió la diferencia. No hay bien ni hay mal. Hay un instinto de fuego mordiendo en el hueso la bravura del cosmos.  Es igual de puro el lobo con una víctima desangrada lentamente en sus mandíbulas que la leona amamantando a sus cachorros. Es igual el humano con los ojos clavados en la mar buscando su casa.. que el humano comprando con billetes la muerte de sus hijos. Ya no me fio de la bondad de los sentimientos. Detrás hay un calambre, el terror de la deriva, el diálogo atormentado con la nada. Ese grito de etanol entrando en la entraña como una bestia en celo... mucho más intenso que cualquier lenguaje, mucho más profundo que el pensamiento, que la moral, que el deseo o la creencia del Ideal. Un embrujo abastecido por simas de tierra vomitada por un fulgor que no se reconoce en la noción humana.

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