HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

No sé dónde voy. Me quedo en la impostura de esa metáfora escanciando del tiempo hojas escritas por tu incertidumbre... las leo con los otoños perdidos dentro de tu bodega, hablando con los carámbanos como si pudiera levantar el corazón hasta ese lugar donde bajas los párpados y vuelves nadando a la isla. Y todo es literatura, una utópica decepción con la dictadura del tiempo... con el papel de lija de tus ojos bajo los motines de mi grito encarcelado, cuando quitarse la máscara era también afirmar todo el escepticismo del renglón roto en mil pedazos bajo la hojarasca.
Y la soledad puta quiere hacerme temblar. Alza el ring ring, da vueltas al molino, acecha la escarcha de mi piel, pronuncia un amor enterrado en el fondo del vino y quiere batirme entre la pólvora para que le entregue lo que nunca fue mío.  Yo la oigo... como si fuera otra mujer planchando una placa de hielo en el cerebro del espantapájaros. La dejo todo lo suyo, esparcido por la flor de loto de una historia que salió mal. Y me pego a su anacoluto, para darla esa multitud que nos devuelva al océano, aunque sea también en la lírica, con montañas de fuego balanceando ruinas.
Tendremos que escribir lo que la escritura quiso llevarse a la ausencia. La soledad no es mala, no nos hace daño, lo que hiere es desprotegerla sobre su cuchillo. Hay que remar las ciabogas de sus noches insomnes.. hacia la artesanía y no en el luto.

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