HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

No sé qué me mordió desde el Imposible o desde el éter o desde la nada. No sé qué coño de agujero metí entre mi verbo y mi bota, para escupir y sangrar y atormentar y besar, la siguiente palabra.. hija bastarda de un nuevo agujero.
Insaciablemente sobre el laberinto del infinito. El infinito antes me daba esperanza, calambres de libertad y zafarrancho, ahora me provoca espanto y náusea. Porque el infinito.. es también el bucle de la prisión del yo, de la palabra, de la carne, del verbo. Nada llega a ningún sitio. Nada se queda en el cielo celebrando. Y la risa del vino como mucho dura dos botellas, luego se acaba en el fango tirados inconscientes en la acera. El hecho de usar las palabras para besar la belleza, implica el asesinato de esa belleza, el agujero del escepticismo y otra vez la hambruna nihilista y la desesperanza.  Las palabras no son suficientes. El cerebro humano no es suficiente. O tal vez es porque usamos las conexiones neuronales equivocadas al haber sido prostituidas las proyecciones del pensamiento por la cultura.. y los venenos del capitalismo.

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