HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Presté mucha jodida atención, a los panteones de muertos. 
Andaba enloquecida por todo lo que no era, arrancando crisantemos con las mandíbulas de las cabras y buscando tu tumba entre la basura para ver si saciaba al agujero del whisky.
Tal cual hacen los perturbados. Te masturbé en todas las paredes en las que con tiza escriben los desangrados. A ti, y a todos esos otros vagones de mercancías de merca ambulante y masturbatorias entre condenandos felándose la muerte y retorciéndose del orgasmo de los suicidas. 

No veía el corazón de la nieve, porque andaba en mi oficio de tarotista, haciendo ouijas con heridas. Era masoquista del temblor de la muerte, de mi pozo masturbándome el recogijamiento de mis charcos de sangre disfrazando a mis culebras con falsos escudos de los que a 200metros bajo tierra sólo saben follar con Drácula.

No me daba cuenta, porque la zorra noche me metía los dedos y me gustaba. 
Me gustaba mi oscura nostalgia, justificando los vasos que me hacen perder el conocimiento.  Justificando todo lo que no hacía, ebria de humo entre barracones, haciéndome un fotomatón de espectros. 
Me excitaba torcidamente la vagina de la ausencia... abriéndose en mi abismo y humedeciendo la coraza de los que van sin frenos hacia el tomar por el culo. 

Pero ahora sé que todo aquello, era producto sólo del dolor, de la desesperación, de lo yonqui diciendo cada puta mañana que no lo volveré a hacer y olvidándolo a la tarde.. con la doble identidad de los que han sido atravesados por una espada de nitroglicerina.

Y estaba en un bucle...era una jodida impostora, una traficante de mis propios horizontes y de mis tumbas. Me estaba autodestruyendo, porque no escuchaba el PRESENTE de la mar y de la hoguera. Porque tenía a una niña abandonada en el fango de mi corazón, y en su rabia y en su desolación, devoraba amapolas blancas entre los hoyos. Y no bailaba el swim porque estaba perturbada metiéndome vibradores en el oscuro gozo del presidio. Y lo hice durante mil noches. Hasta que el otro día un lobo blanco.. me trajo el canto de las montañas nevadas y descubrí otra vez a mi guerrera.. saltando por el hielo del río, con una libélura en mi boca.

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