HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Tengo ovilladas viejas cartas rotas por el amarillo de una guitarra cuando nos pasamos con el whisky y con la fe.... y se nos olvidó poner un punto cuando acabábamos la frase y cuando tus labios cerraban la noche en mi espalda y cuando ya no teníamos monedas pero dejábamos para luego lo que le diríamos al camarero y al viento. El cartero tenía mucha prisa desde tu corazón, mi casa tenía muchos agujeros en las paredes. Yo te los abrí todos para que volvieras a cantarme aquella tonada que aprendiste cuando eras vagabundo, para que le metieras zarpazos a mi muerte, para que no me olvidaras antes de haber tenido un cóctel molotov de la mano a la tumba del presidente... y la nuestra fuera ya sólo una estrella fugaz.

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