HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Todo eso se fue al tambor del fracaso a derretir un amor de sombra de espada desposada con el cubismo de ese viaje de setas en aquél r18 cuando ya no sabíamos si estábamos en una carretera o en el fondo del mar. Abusamos de nuestra cordura hasta esa balacea de agujeros de gusano escupiendo botes de pintura al reloj que daba las horas de ese otro planeta paralelo.  Todo eso me llevó a la locura. El descubrir nuevos sentimientos, percepciones y realidades, en el ácido, en el fervor del exceso. Esas conversaciones de duendes y de invertebrados sobre vete a saber qué paranoia compartida en esos bares de fuego de san telmo. Fueron muchas veces tentando al mundo que no existía con todo lo que teníamos, ofreciéndole a ese mundo difuso y divergente de los estados alterados de cociencia.. toda la otra realidad y tirando de la cadena. Yo tuve una época que me metía todo lo que tuviera guitarra y fuego y se cruzara en mi camino. Daba igual. Tenía un pozo sin fondo en el nudo existencialista y en mi herida contra la civilización. Y me volví loca. Cualquiera se hubiera vuelto loco al ver lo que yo vi. Recuerdo una noche en un bar... yo iba algo ciega.. y empecé a sentir un profundo silencio.. ya no oía el sonido de la música, veía a la gente mover su boca, gesticular, moverse, veía el humo, pero no oía nada. Estaba en un estado de conciencia muy extraño.. de ausencia. Y después se quedaron quietos. Y una máscara les cubrió el rostro.. algo macabro... que luego estalló y se pulverizaron.. Llegué a estados de conciencia donde levitaba sobre un salto al vacío... como si no pudiera regresar.  Y fueron otras muchas experiencias similares como una vez que sentí que alguien movía mi bolígrafo y que escribía utilizando mi mano vete a saber qué poemas. También una vez escuché una voz salida de vete a saber dónde.. que me decía "son estados de conciencia". 
Yo pagué muy caro... el abuso del fuego. Cuando era más jóven no tenía miedo a nada.. mi locura era osada, creía que yo veía lo que otros no veían, creía que mi locura, era quemar el escenario y VER al fin lo que había detrás. Y quemé muchas neuronas. Y perdí el mundo, mi vida, lo que yo amaba, el contacto con el lenguaje, con las otras vidas, con la realidad, con mi identidad. Bajé al infierno más doloroso, al deseo sangrante de morir, a la ausencia, al estado vegetal, a una posesión de fantasmas, de precipios. Volver fue una odisea... en la que la escritura salvó mi vida.

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