HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

tratar de no perder la cordura... en esas odiseas de ceniza y motores nucleares succionando el fuego de la taxidermia de la flor en tu boca
insistir la inquietud taciturna de la muerte del suelo
subiendo por tu espalda como una red que ciega la luz en el fondo del vaso
y beber como si fuera esa sangre que coagulara al fin la herida de haber nacido
tropezar el argumento y su cuchillo, en canciones presidiarias levantando la luna y destiñendo las paredes con la corrosión del viaje, imparable, inabarcable, hechizo de brujos y de indigentes atragantados en el vientre como credos de la hoguera
acechando el arma o la curva que pulveriza ese personaje que aquí dentro de mi pellejo quiso suyas todas las tumbas

y no quedó nada en paz
con el caos entre los violines
con el suicida dando vueltas a la llave
con un poema como una bala en tus huesos roidos sobre mi alma
girando 180º el horizonte de los verticalizados por ese humo y esa guitarra

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