HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Vengo a la infidelidad de la ciudad... a tentar algún licor en los despensarios de tu sombra encharcada por recuerdos de vídrio embalsamados en palabras de etanol hacia el cobrorevertido de la luna en cuarentena. Vuelvo sobre la insolvente celebración de lo que no ha ocurrido. Y me habito entre la voz del ácaro como el pretexto que no enviaste. No es tan diferente.... aunque ya no sé respecto a qué. El aullido de una vida-pangea sin la certeza de un cuerpo, sin el horizonte de otra mirada. En los andenes tragando el granizo de las verticales y de los sótanos que revivieron aquella flor en tu abismo. Sufriendo el vértigo de la palabra aún no nacida.. en otra dictadura de ceniza que borra tu historia de los escombros de mi escritorio. 
Y se ama con descaro y con abuso algo oblicuo que desciende los peldaños de tu inabarcabilidad enjaulada en la literatura. Y ya no sé a quién le toca hablar o decir adiós.

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