HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Vuelvo a caer 200 metros bajo tierra, donde empezó todo éste lío de etanol y latas abolladas de héroes cocainómanos adictos a salir volando por los aires cuando el cielo amenaza con hacer gobierno.
Vuelvo a mi casita de putas, siendo yo Celestina y la que pone la cama, abrigo y sangre, tijera y salvavidas, del vicio y el divergente arreglo de las neuronas quemadas.
Vuelvo a éste olivo de aguardiente dando sombra a mi valle de escarcha, quitándole la sed a mis jodidas conversaciones con la muerte y con los grillos. 
Donde no tengo ni amor ni oficio ni beneficio ni nada qué hacer entre la sociedad, ni con el futuro, ni con el pasado, ni con ningún sistema de valores. 
Ese deja vu con el viaje del estramonio, con los líquenes pegados a la tumba de mi abuela, con los libros descatalogados sacando vitamina C de la pérdida de dignidad en los bares cuando la luna vomitaba la misma mierda que nos defendimos para no agorrotar más al agujero negro entre las desteñidas estatuas del cianuro. Y la paloma de la paz muerta de miedo picoteando tus ojos en los arrabales a los que íbamos a dormir.

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