HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ya cae la noche... y vuelve a nevar... el viento arrastra horizontales de nieve que parece que ponen boca abajo tu piano y expulsan una serenata de etanol y palabras de granito entre el salitre. Soy huérfana de los bares a los que vas a quitar la sed y las grapas de la herida, enloquecido de guitarra y de ausencias. Soy nadie.. en el márgen de tu página descosiendo descripciones de petricor y de reses, donde la noche se pone violenta de ojos de lobos en las cunetas. 
Oigo a mi soledad chocar con el eco de la pared, soñar un tambor de hachís, entre tus brazos atados a los mástiles de mi deriva y te pierdo para siempre, mientras la cerveza sacude los ojos de buey de la impostura de una eternidad.

A veces me muero de ganas de amar algo que se traga el anacoluto y se pone a aporrear mi teclado y a dislocar juegos de salvia divinorium donde las botas de estiércol prensan tu valle y lo echan a la mar cuando no ha quedado ningún pronombre para recoger la inmensidad de la voz de la ceniza en los escalones que devolvían tu amor a todos los agujeros.

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