HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ya empieza a anochecer. Crece el frío. Hay cientos de kilómetros entre mis pies bajando la escalera y tu piano de lluvia estanca. Es raro fingir que no importó y convertirlo en certeza y entonces luego fingir la lumbre de cuervos, los golpes de nieve, la resonancia de la lágrima de Alicia en tu espada. Estar sobre la azotea de un edificio volado por los aires, recordar vals de sangre atados a una mano imposible y fregar con ellos los suelos resquebrajados de tus pérdidas. No pertenecer a nada... y crujir tormentas y pasiones-colador de una semilla cosida a balazos sobre la inmensidad que se da la vuelta en el fondo opaco de tu olvido, en el que remojo la humedad de la tinta para seguir tomando trenes y no herirme demasiado por los verbos ni por la nada.

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