HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ya no me pone triste. Porque ya fue todas las tristezas, y todo se acaba agotando de sacarle la sangre a la música y yacerla sobre las hoces de la luna. En algún momento llega la anestesia de los agujeros negros, te haces inmune al atentado del vacío.. te articulas sobre el canto de su absenta, y aceptas esa ausencia, primero como su tumba y luego como su granada de mano.. después se hace lejano, indistinguible de la literatura.. de un sueño, de los topos, de los hoyos y de los ríos. Ya no hay un reclamo, ya no hay un rostro en ese amor furtivo, ya no cosen los calendarios las deudas del viejo vino. Y no es que se haya echo una piedra... ni jamás el olvido.. sólo se hace una obra de arte entre agujeros. No es que ya no lo quiera, ni que no me caiga la lágrima de vino tinto cuando oigo esa canción. Sólo es que la vida sigue braceando el Imposible y el fervor de la guitarra.... y ya no hay mucho espacio para cortar a la mitad el corazón y dejarlo endeudado en un muerto. Es necesario que sigamos enteras hacia el pulso de lo incognoscible, sin dejar pecios ni cachos de equipaje, ni promesas de fotografías en blanco y negro hacia ninguna excepción carcelaria entre los poemas.

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