HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ya se acaba Noviembre. Tu escritorio tiene cáscaras de nueces que me envían palabras de chocolate y benceno. Como yo no tengo nada qué hacer con ellas, las dejo hacer agujeritos en mi techo y soplo polillas de etanol para ver si urde la luna un columpio para que mi pequeña Franquestein pueda mostrar sus secretos a la crueldad del sol sin temer que en su tripa un acantilado juegue a matar a nadie.

Me dediqué estos últimos años al olvido, pero de forma errática, alcohólica e improductiva. Sin querer me crucé con los mares del fondo de la ginebra regurgitando un motivo a la espada del quijote. Al amor de cortar y pegar encharcados en los suelos de los box de urgencia con un telegrama de jeringas desde mis venas a tu casa, cuando ya no dejas entrar a los amigos.. y tus encerados sangran cuerpos de paloma.

Ahora estoy a tomar por el culo... de ti y de la promesa de golondrinas de mi soledad a tu soledad. También estoy lejos de las nóminas, del cotizar a la seguridad social, de los círculos y de llegar a algún sitio.

He andado tan ocupada entre las legañas de los espantapájaros y el cómo puedo juntar un tren y mi sueño, sin tener que hacer daño a nadie.. y luego secar sangre. Que apenas me acordé de envolverte aquellos poemas en un lugar que la muerte no se desvelara.

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