HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ya se han puesto un poco blancos los tejados.. pero no creo que cubra demasiado.. es una nieve transversal y frágil... no son esos copos que caen lentos y levitantes, gruesos y que parecen venir del pozo sin fondo de la alegría del cosmos... aunque tal vez en la noche todo se cambie.
Yo hoy estoy algo neurótica del verso suicidado en tu vaso de vino. Algo alejanada del eco del silencio entre las habitaciones vacías. Me puse nerviosa por un abstracto.. y ahora sigo dislocada de su alfabeto... yo soy muy metafórica a la hora de comunicarme con el rayo y con el suelo, me llega el significado a través de un canuto de pieles rojas entre los rezos de la tormenta y me hago su expresionismo, su delirio del secano... y me cuesta contenerme en una palabra o en una grieta. Queda muy lejos aquellos escritos que tenían un destinatario. Entonces la trampa del quién, su literatura y su quimera, hacían sentirse acompañados a mis agujeros negros, porque el verbo luchaba por el verso que cruzara mi jodida extrañeza para llegarse a otro espíritu y cantar el mismo barco.  Ahora mi escritura se sabe sola... y críptica en sus propios códigos que no se abren al cobijo de otra vida, andan enfrascados en su vicio y en su rareza... andan desterritorializados por cicatrices de arena mojada sobre parapentes de descosidos entre las miradas del dadá y del plomo. Y ya no tienen musas ni cabarets que esperen la fiesta de sus vidrios. Son vagabundos como yo, son de nadie y del escalofrío, dando vueltas a la noria de la luz de luna entre los charcos. Con la canción de las desmotivaciones remando las tabernas de nuevos latidos insobornables entre lo incognoscible.

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