HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Acá, frente al agujero de fuego de una selva en motín que en la oquedad de tu lágrima agujereó los guijarros con la traición de la desnudez acuchillando la fragilidad que desposé con tu violín de estrellas y de whisky.
Hallar lo carnívoro.... cuando el corazón se da sin mapa y sin coraza... cuando tiembla el suelo como una piano que se hace pedazos en los pechos de su madre... mientras los narcisos se congelan en la voz seca del cuchillo enamorado.
Si no quise jugar más contigo... fue, porque cuando la tristeza mataba mis horizontes y yo temblaba la incertidumbre y todas mis pobrezas, tú fuiste cuchillo y verdugo en tu ego y en tu palacio, fuiste como todo lo que me llevó al exilio.
Como aquellos manicomios que en los momentos flacos ataban la correa y castraban el corazón.
Porque te creí amiga contra gigantes compartiendo el mismo barco furtivo. Pero tú tenías tus propios reyes y me usaste de chivo expiatorio de tus contradicciones y de tus fangos. 
Porque mil veces antes que tú, vi esa violencia, vi los golpes cuando el lobo de Gubia era manso. Cuando ya no quedaba un atisbo de rabia ni de violencia ni verbo, cuando desarmada flotaba en el gas y era todas las cenizas y mi voz no era una voz sino una onomatopeya, vi a todos esos humanos, como alimañas entre los cadáveres codiciar su golpe, su cacho de carne corrompida para levantar su palacio entre las tumbas y la cumbre de la jerarquía de la descomposición.

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