HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Acaba de salir el sol por el monte. Entra en la galería. Ilumina tu cicatriz en los márgenes del cuaderno abandonado sobre la histeria de una pobreza que en tu casa agotó las puertas que ciabogaban mi olvido. Hizo astillas y pájaros de madera, con la pequeña voz enamorada que se perdió en tu vaso de whisky como aquél marzo en la suciedad de tus botas. Como el recreo de mis fantasmas sacudiendo una imposible posibilidad para el papel de calco de tu sepelio en mis patios, cuando los álamos son golpes peremnes de miradas anegadas por el vacío.
Escribo sobre lo que vivo y sobre lo que me rodea. Escribo con un cordón umbilical de fuego atado a mi carencia y a mi sueño. Mi aislamiento social y mi automarginación de la sociedad, de la humanidad y de su futuro, me obliga a escribir sobre las heces de las palomas y el bofetón de luz clandestina de los cangrejos en la herida de mi brazo.
Soy solitaria desde los 17. Jodidamente desarraigada de la idea de lo existido frente al teatro social. Tal vez porque el hachís me adentró en un subconsciente donde leí y oí una gran carcajada de monstruo y de duende, en el fondo del inicio de la palabra. Y yo quise entrar en ese laberinto del Fauno... y mi sociabilidad se hizo un puto chiste macabro... porque veía mi metainconsciente en la otredad, y dejó de importarme una mierda, la circunstancia humana, política, experimental, del otro, sus sentimientos, sus anhelos dentro de la civilización, porque me importaban una mierda los míos, estaba enfrascada en ese diálogo del éter. Y después de luchar por exteriorizarlo con la gente, con los que creía amigos, y hallar su rareza, su incomprensión y situaciones perturbantes y de una guerra de ranas.. me fui.. y ya no pude volver. Nunca del todo. Algo en mí, me espera sólo en mi exilio para liberarse.
Viví muchos años, escribiendo.. y relacionándome con personas a través únicamente de la prometida distancia. A través de la literatura. Utilizaba internet para expresar mi lenguaje oblicuo y etéreo... en la utopía de una verdadera comunicación con el otro... una comunicación que fuera íntegra con la locura de los yoes. Y de ese modo, hice un mundo en mi vida que no existía en la realidad. De la realidad sólo tomaba la relación con los animales y algún esquizo-amigo y paranoia de amanita con mi familia.
Como todos mis traumas fueron disociados por la poesía. Mi identidad se hizo una vía de escape de la pólvora. Y mi historia, un viaje de LSD. Pura afectación de la retórica de los paramecios.
De vez en cuando tenía ataques de sociabilidad y exibicionismo político y de mi tropa de vagabundas... e iba a embriagarme encendida a bares y parques, como si en el delirio del alcohol pudiera ser humana... con todos los yoes remando hacia la misma oceanada.
Tengo cientos de agujeros negros en la memoria, que me sirven únicamente como recursos poéticos. Mi pasado es una musa metiéndose los dedos encima de un sepulto, con una botella de champán y una inclinación al desarraigo.
Las personas que estuvieron en el puente de cierta armonía a la vuelta de una sociabilidad medio amante.. aunque obligatoriamente literaria. Fueron los locos. Ellos fueron los únicos que me hicieron sentir humana... Durante unos años, mis únicos amigos, los había conocido en el manicomio. Como ellos también tenían dentro múltiples criaturas y almas, nos podíamos comprender, además todos habían vivido la marginación y la angustia del etanol y de la noche que no acaba. 
Aunque tengo la sensación de que estoy manipulando mis recuerdos. También estuvo ese camino de santiago con ese vagabundo que me quemó el corazón. Y esa vendimia de marihuana y de nubes, por tierras del Bierzo y Tenerife, y aquél chico gitano en la Plaza del Grano... tocándome una canción. Y aquella vez que me dio por trabajar de camarera y las cuentas que nunca salían con el vino. Y ese chico de colombia y Lola y aquellas cubanas que acogimos en el piso, y las manifestaciones y reuniones de la resistencia y cuando fui a la Escuela de Arte, y aquellos estudios a la distancia y la casa que siempre olía a pan y a hachís y que pasábamos un frío de la ostia y no teníamos ni nevera, ni tv,  ni ningún objeto personal allí dentro, y vivimos tal vez ocho meses... y el dinero duraba una semana de bares y excesos y luego nos dedicábamos a robarle migas de pan a los gorriones.  Y esos viajes a la mar. Y esas escapadas hacia el infierno. Incluso una vez, antes de haber sufrido los brotes psicóticos fui yo la que me quise ir a vivir a un manicomio... yo tenía una idea romántica de ellos y pensé que haría como Nietzschet me quedaría allí a escribir, saldría a pasear, a nadar y beber vino...y no  me volvería a atormentar ni mi familia ni el mundo... y me busqué uno en un sitio pegado a la mar.... y a mi familia le parecía una idea espantosa pero yo era muy vehemente con todo lo que se me ocurría. Y al llegar allí, un chico me dijo "no dejes que te dejen aquí, es un sitio horrible a mi me dijeron que venía sólo para unas semanas y llevo aquí dos años, no les dejes a tus padres que te hagan esto". Y se me cayó mi romanticismo en el acto, sobretodo al ver que todos estaban drogados ausentes y la psiquiatra que me atendió olía a mierda y a corrupción. Trataba por todos los medios de convencer a mis padres de que yo estaba enferma de un modo que atentó contra mi inteligencia.Y me dio náusea. 
Luego también me dio una época por querer ir a vivir al Valle del Silencio...en una casucha de pastores. Busqué también comunas hippies. Y tuvimos planes de plantar marihuana al por mayor, de hacer una  granja de pollos.. de vender humo. También tuve una época de militancia política. Y tuve muchos otros planes que acabaron todos en el fracaso. Tenía un novio de Cuzco... y tenía pensado irme allí a vivir a una comunidad indígena...  estuve a punto de comprar el billete una vez que traté de robar a mi familia un dinero que les había llegado por un golpe de suerte. También me escapé varias veces con los bolsillos abiertos en la alcantarilla en viajes de la vagabundia y del esperpento.
Tal vez tenía algún cable cortado por el LSD. Pero durante muchos años no soportaba el mundo.. buscaba incesantemente una explosión, un corte vertical para poder vivir en paz. Y se me ocurrían ideas peregrinas que en mi cabeza eran perfectas, imbatibles... pero luego el realismo me las jodía. 
Desde los 17 hasta los 25 o 26, viví en una hervidera, entre el espanto y el radicalismo de mis sueños de perros. Por no hablar de la búsqueda de las plantas mágicas, el chamanismo, la policía y los psiquiátricos.
Fue hace unos 6 años.. que encontré un lugar en el que poder quedarme. Y es el éter del poema. A través también del amor de K. dejó de ser el mundo una granada en mi pecho. Me reconcilié con la vida, con la naturaleza, con el tiempo. Con la derrota y el silencio y los pasos en la nieve.

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