HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Acaba de subir el sol en la montaña... una mística de caminos cortados en las piedras tropieza tu recuerdo en el hundimiento de la tinta. Estoy ansiosa por el poema que no he escrito. Por esa sensación de falta en algún boicot que engendra en tu mirada salpicados fuegos que acogen los que no fuimos.
Me quito el jersey porque la galería cuando da el sol es como un invernadero. No está el verbo que sujete la sensación de continuidad. A lo lejos un perfume disloca tu huella partida en mi cicatriz.
Hemos sido el olvido encamado con los errores que descuentan el orbayo en el grito de ausencia de las palabras.
Blablabla. Esto sólo es la metáfora que busca. No está agasajado en mí ningún argumento. El fantasma de ese pronombre se retuerce en su muerte. El espacio vacío se acomoda, sufre el mono, pelea el carbonífero de las golondrinas, mientras el tiempo se extiende junto a todo lo olvidado.
Las palabras pesan en las palabras tu rostro de papel de calco esculpiendo en mis porcelanas la rasgadura de una noche de excesos que se secó en tu sepulto.

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