HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Acabó en la manzana corrompida del cesto.
Como un fuera de campo dándome pigmento de moho para cerrar la puerta del infierno.
Siempre del revés. Entrábamos por la copa del quinto pino y nunca por la puerta.
Disfrutaba de perder esperpentósamente en el palacio de tu alter-ego.
Me gustaba disfrazarme de piojosa...  de chivo expiatorio del fango ajeno. Y sólo hablaba de verdad con los perros y con la noche.
Coleccioné moratones en mi alma, cuando gravitaba mi locura, heridas de la humanidad, de la avaricia, la envidia, el ego, el espejo tóxico de sus chinches, su triste gobierno y patria de ciegos ansiosos de ser alguien y tributar y que les masturben su alcantarilla. 
Desconfia de todos aquellos que buscan el paraiso y el nirvana, o los que buscan la riqueza, o el sobresalir, la perfección, el ser alguien en ésta sociedad de lombrices.
Desconfia de los poetas que conservan sus poemas como si la mar no fuera a devorarlos. Desconfia de los que ponen copyright a su desnutrición. 
Acuérdate de lo que te dijo ese borracho mal vestido con tierra en sus dedos. Ese tipo que hacía que cruzaran al otro lado de la cera los hombres de bien... ese que no tenía ni siquiera nombre. Ese sí conocía la verdad y la poesía. Y la ofrecía como aquelarre, como derrota...  y en sus ojos iban a encayar todos los barcos del universo.

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