HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora el expresionismo del tiempo. Los habitáculos de algún destierro enamorado haciendo ojos de buey entre las ruinas. Tiempo de cigarras y topos, de rayones de ocaso entre las quemaduras de tu epístola acuchillada en el fin. El gato y el perro duermen. Yo escucho la nada, soy feliz, porque ya casi nunca deseo lo que no está, ni tengo deudas en el pasado, ni muertos que revertir, todo fue hasta la dictadura de su vehemencia y así desapareció. En lo que está por venir, vive la mar y late la luna. Ama lo incognoscible la noche de tu naufragio en mis pecios de porcelana.
Soy como los fantasmas y como la hiedra. Soy la desobediencia de mis propios diagnóstico de éter y de charcos.  No tengo casi nada qué ver con los verbos ni con los mapas. No tengo ningún plan. Ningún libro qué escribir. Lo que es, canta y se sabe vagabundo. Los animales me cuidan el corazón. A veces hay vino y blues. A veces el duelo de las tortugas. Sólo le debo a la vida una bala en la cabeza del presidente. Todo lo demás es del viento.

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