HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora es la soledad.. el ojo de buey pasando las páginas de tu pared de algas y arena desperdigada del reloj llevándote los fauces de ese camino donde las líneas de tu mano esculpen la amortiguación de mi infierno mientras hablas con febrero de la despoblación de esa plaza del libro en el que juntamos dos trenes y una tumba.
No sé si le escribí alguna vez directamente el sentimiento qué. Creo que no. Porque en algún lugar mi esperanza lo daba todo perdido y la herida desvelaba a mis cabaretistas. Y en lugar de hablarle de la nostalgia y del amor, escribía pergaminos de Datura, heridas en motín, aullidos extraños que parecía que hacían de mi alma sólo literatura y un raro gozo en los agujeros. Cuando algo me hiere, me cubro de metáforas que hablan de mi sentimiento pero lo hacen desde el pellejo de alguien que ha muerto. Tal vez eso provoca algo irremediable en el otro. O tal vez ya nunca sería mía aquella luna.
Sigo echando de menos, ese compañero de abismos y patas de mora entre jabalíes y lobos.. Pero lo hago desde un antilugar y no me tengo demasiado en cuenta para cerrar el verso o quemar la casa. 
Tengo la sensación de que han pasado diez siglos. Como si aquella margarita que recogí una vez cerca de un lago y ya era invierno se hubiera quedado levitante en sus labios de sal y de constelaciones de lo interminable. Y yo sólo fuera el accidente del vapor y de la ausencia. 
No. Mi corazón ya no es humano. Mi piel ya no aguarda el deseo de otra piel... ni para sembrar ni para quedarse. Ya no asocio equitativamente mis pasiones con los humanos. Ya no derrito lo que escribo como si en algún lugar un alma gemela pudiera mirarme a los ojos y arrancarme todos los mundos. Mi habitación ya no tiene una piedra de hachís ni condones en la mesita, ni los párpados de los lirios buceando en las quillas de las barcas. Abro mi ventana al futuro imperfecto de la melancolia y allá ciabogan las tormentas el ladrido de los perros en el fondo de mi alma. Ya no espero que me oigas cuando se han apagado todos los pasos y las palabras ya no sirven. Ni hago hechizos de amanita para arbolarme como un huracán a un amor corrosivo y erosivo del Imposible. Soy todas las soledades abrazándome-pulpo a la vulva de la mar.

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