HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora ésta hora rara para escribir. Desmenuzada de gritos de garzas y mandíbulas de nieve clandestina. Todavía el sorbo y el resplandor de palabras de tiza inclinadas en una senda que huye. La soledad y sus techos de guijarro y de helio. El nombre del olvido dentro de tu whisky repartiendo horizontes olvidados en el crujido de la guitarra. La poesía cierra sus párpados en la obsesión de la lejanía. Me detengo... me empapo de bifurcaciones que traen el alfabeto de las palomas al hueso del camino y embriagan partituras de serenata del exilio donde tu voz abuhardilla el cuerpo de los peces en el arpón del tiempo.

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