HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora me voy a la montaña con el perro. Necesito asirme al lenguaje del silencio, en la raíz de mi abstracción. Al soliloquio de la naturaleza introspectado en mi instinto suicida hasta desaparecer esa destrucción que me arraiga en la agonía de los ciervos. Disfrutar de cada hierba, multiplicando los mares en los ojos de Kavka. Amar, aunque no haya esperanza, la combustión de lo vivo, más allá de todo camino, más allá del argumento. Como orgasmo cósmico que se proclama apesar de la palabra y la hechura, como un baile de duendes.

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