HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora mi vida es muy pequeña y muy simple.
La escritura sólo es un desagüe, una vía de escape para evitar la desesperación. Es un accidente.
Sé abisalmente que no es destino, ni casa, no es VERBO. Sólo es tránsito. Y me importa una mierda la obra y el fruto. Necesito escribir. Pero lo escrito no acaba ni empieza nada.
Mi vida son los ojos del perro, reflejando los chopos y la luna, reflejando mis pupilas.
Mi vida es.. un paseo antidiccionario al lado del río. Con la escarcha y la hojarasca en las botas. Con las babas del perro en el horizonte y en las estrellas.
Es una idea desaparecida de que alguna vez conocí el amor entre semejantes. Una idea muy rara y sumergida por el vaho y el crisantemo.
Es un roto intento del recuerdo de que alguna vez tuve un oficio y algo qué hacer en la tierra. Un papel de calco de pis de Mercurio escribiendo que alguna vez fui a la escuela, o estuve en un calabozo, en un manicomio o en  una boda ciega de vino.
Una confabulación alucinatoria de una bicicleta de marihuana asiendo un nombre en mis labios.

Soy antipátrida.
Vivo en el agujero de un árbol.
No leo los periódicos. No leo a los poetas contemporáneos y ya bebí de los muertos todo en la catarsis y en el polvo. No entiendo una puta mierda de la mayor parte de las cosas que dice la gente.
He olvidado todo lo que aprendí en la escuela. 
Nunca hago fotografías en las que aparezcan residuos que me recuerden la existencia humana. 
Soy asexual. Anticultural. Del éter y del olvido.
No tengo género, ni tierra, ni nada del tener.
No cumplo años hacia delante. Los cumplo en las pulgas de Alicia.
No le pido nada al tiempo ni a la hechura.
Cuando veo una libélula se me pone la piel de gallina. Porque creo que me trae un mensaje de otro mundo.
Ya no tengo ningún interés en lo que han descubierto otros humanos, ni lo que han pensado, ni lo que han escrito. Prefiero mirar las montañas, bañarme en la mar y jugar con un gato.  Prefiero hablar el lenguaje de los perros.
Alguna vez, le di todo a la otredad, fui esponja y lava, ansiosa de la verdad, busqué desesperadamente en los libros, en los medios de comunicación clandestinos, profané tumbas, me enloquecí del fondo de las palabras.
Y al final me di cuenta que sólo asimilé verdaderamente la verdad de la mar, su caricia, su esperanza. Fue la abstracción y el fervor de la naturaleza lo que se quedó en mí, lo que hizo continuidad, lo que me nutrió y me empujó a vivir. Lo único que necesito para amar, para ser. La humanidad levantó prisiones contra mis ojos y mi idioma. Los hombres a los que amé, asesinaron el motivo del amor. Yo misma al beber el resplandor del cuchillo descubrí la quimera. Por eso hoy persigo a la mar y al canto de los lobos.

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