HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora son las pequeñas cosas entre los naipes nadando en absenta y en pis de bruja. La humildad de la quilla de la barca soplando al vacío. La huella cosida de ciempiés en el barro seco de tus ojos, llenándome de vino la melancolía.
Todos esos añicos... bajando en el río... como puentes de trucha, como olvido de la Osa Mayor.
Lo perdido, se hizo literatura. Lo ganado fue una alucinación echándose un vals con la cucaracha de Kafka.
He vuelto a las montañas y faros de mi niñez. A los juegos con palos y piedras de las tardes sin escuela, sin familia, sin tiempo ni ley de gravedad.
Soy como las ancianas echándose un julepe con la muerte. Como los niños coleccionando huesos de cabra y ratones cuando nadie espera cuando da la hora.
Soy mi propio escenario del fraude y del infinito. Con un guión de opio y de autor a puntor de rajarse la yugular. Con las butacas quemadas para pagar al afilador. Con el país esnucado en la luna. Con los perros como mis influencias y santos.

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