HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora un silencio. La rareza del significado. El andar a desbandadas, racimos de fotografías enterradas en tus ojos, bregando el alcohol de balcones kamikazes cuando los pájaros tienen frío. El absolutismo de lo absurdo y gaseoso.. tiñe tu nombre de girasoles quemadas y vuelve sin fe a manchar tu casa de trozos de porcelana.
Nada se detuvo porque desaparecieras. Tal vez lo inasible de un canto en medio del monzón. Pero ahí siguió el panadero sonando las bocinas a las 11a.m y en el bar daban el vino y las aceitunas, y me hacían un agujero en el billete de autobús, y la mar seguía hermosa incendiando una búsqueda cualquiera, y bajo los manzanos los estorninos no hablaban de ti. Seguían los gritos de callejón espantando a los niños por la noche. Y ese cierzo al golpear mi puerta quemaba un diario. Y me miraba los zapatos al cruzar transeúnte debajo de la lluvia, con las vocales llenas de ginebra en una hoguera trashumante que no concedió nada a tu memoria.

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