HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Anoche antes de dormir me di cuenta de la urgencia de que yo escribiera aquella despedida. Aunque fueron una decena de despedidas, en esa carta, estaba interiorizada ya en el poema y en el horizonte. Tal vez abusé de la literatura. Pero el sentimentalismo es mucho más retorcido y estúpido que la lírica. Y acaba enjuagando una retórica en el puñal y en el absurdo y llevando a un bucle sin fin. Porque los sentimientos son balas perdidas que nunca llegan a ningún cuerpo ni a su muerte. Son irracionales. obsesos, y tienen muchas personalidades y juegos de espejos y antagonias, que vuelven y vuelven sobre mojado a secar con un fuego empapado por cielos e infiernos que nunca termina con la canción ni con el ciclo de la nieve.
Yo de esto antes no me daba cuenta, porque estaba perturbada por el éter y la amnesia de mis suicidas golondrinas. Y mis sentimientos me empujaban al laberinto del Fauno, con la ira o con la ternura, con la oscuridad de las bojas de los dedos de Kafka o con la humedad de Bovary rezándole a un puto cielo el fin de un obra donde su autor ya había muerto.

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