HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

 Ya anochece muy lejos de esa carretera que grapamos en un billete arrugado de tren. Espera tu oscuridad la infidelidad de mi álbum de fotos. El agravio del cartero tan dentro de la mar que darse la vuelta es ahorcar un cielo en la punta de metal las botas.
Allá donde tus sastres cosen con los pellejos de los ratones, el encargo de una lágrima donde los encerados callan todas las muecas del alfabeto.
Allá donde te sacas el corazón abrazado a una armónica que sobre un cartón y un tetrabrik de vino llora la belleza de las estrellas y no queda sitio para nadie.
Y sin embargo el incendio de mi casa sigue amarrado a la maldición de amarte.
Aunque fueran cien bombarderos de distancia, a mil millas de la pala que sacaba esa tierra de tu nostalgia.
Oyen mis torturadas paredes las líneas de tu mano oradar en mi mariposa de cartulina el grito de los golpes secos del alfabeto sobre la pérdida.
Y te buscan las palabras exiliadas de mis papeles, como si sólo tu cuchillo pudiera calmar el desaire de la ausencia.
La literatura chupa de tu cadáver el vino que aporrea mi puerta que hace de tabla de náufraga cuando la carcoma se despierta.

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