HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Antes pensaba "nunca me perdonaré haberte perdido". Y se me llenó de sangre literaria el corazón. Y recordé habérselo dicho alguna vez cuando la noche estaba llena de zapatos abandonados de cabaret y de pecios de mar. Y luego le di un trago a la cerveza y empecé a pensar qué palabras desprendía hedor azul y cuáles fotografías rotas.
Mi mente es el otro lado del espejo de una bruja. 
Hago miles de crucigramas al día con los cubos de la basura.
Me dedico a la manicura de los muertos y al engañabobos de lo que me reclaman los arácnidos.
Puedo pensar derrepente en los que han muerto, ponerme grave y seria del llanto del rosal y las heladas. Y al segundo ponerme a ladrar con el perro y a coleccionar las pieles de las naranjas.  
Nada es serio. Nada es de fiar. Nada protege ningún órden, ningún destino. 
Soy obsesiva de los anacolutos.
Mi mundo es el fango de Alicia. Collage de libros descatalogados en la sangre del pianista. Perros negros entre la nieve. Cascajos de setas que envenenaron a la ética de tu madre. Desquicio de airadas de golpes. De amores eternos y asesinados Wherter.
Sin verbo ni argumento.
Sólo duelo hasta el delirio los gobiernos que no han sido amasacrados.
Lo otro es la infidelidad de una conga y un machete.

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