HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

es desde la pobreza
cuando el desapego es la llama que une al verbo y a la carne, en la vulva de la luna y de la muerte, del todo y de la nada, en el fondo escombroso de un piano alzando el paraiso donde incubre la tiniebla el beso negro de tu olvido
y es en mi piel
y nunca he podido tocarlo
juegos de azar y de guadaña
cuando agacha el invierno tus cicatrices en mis flores
cuando los nadie empujan en el soliloquio del hielo, la palabra ensangrentada que dibujo con tus paredes a los animalarios de mi desvelo
agito en ti para deshacerla
para que sea de otra que nunca te haya llorado
pero no se va ni me nombra para que la literatura pueda manosearla y traficar con tus sombras los pecios de mi alba

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