HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

ya no busco el poema
no sé si por quebranto del quebrantamiento del ser en la arista de la deshuesada ruta del absurdo
o porque no importa qué ojo me tome, qué palma de mano se cierre en mis dedos y quiebre de las oquedades el fruto del lago
sólo pulso un rubor
entrópico, tal vez a veces estúpidamente íntimo y desarmado
o opaco de cubismos de whisky en el mármol de una lágrima
o al jodido velamen del luto de todo pronombre
automático de los ojos de las cigüeñas en los míos y su sangre en mi herida
y la cronofobia del retorno de las golondrinas cuando tu nieve no se ha secado

y me quedo como el viento en la cerradura de noche
doblando margaritas en las campanas que dan siempre la hora de partir

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