HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

las noches de perdigón y de ausencia
en la fortaleza del olvido
empujando las escaleras de mi cucaracha de las epifanías
en mi pecho congelado por el Imposible
con el jodido soliloquio del monstruo que vive debajo de mi cama
y extiende sus brazos de hiedras y daturas en mi cuerpo
y me inhala el nombre de una estrella

de éste fango de propietarios de un amor mercenario y herido de muerte entre las palabras
alzando la brujería de los derrotados en mis zapatillas de esparto y baba de perro
con la anarquía de la esquina bisiesta
destrozando el escritorio en el hálito de tequila de tus desamparos
siempre pegados a mí como la nada y el mundo que no existe

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