HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

aquél destierro fue todos los nombres
aquella herida todas las piedras
tu amor, una vez todos los astros
tu tumba, todos los muertos

y luego, una mueca de marihuana
gelatina y navaja, y hay que irse sin nada, sin conservar el lápiz ni la esquela, ni la lágrima, ni el país, ni la dignidad en los bares, ni en los rastros detrás de las liebres para ver si alguien se come de una vez tus lentejas y tus golpes de cicuta

y larairairairairairai
desde tu pescuezo la mar me ató más fuerte
y yo no tenía para darle literatura ni un buen final
la dejé marcharse contigo donde no volveríamos

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