HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

he sucumbido a la coacción de tu sepelio
en ese grito de la rosa bajo el salto al vacío
en ese entierro abierto por las costillas de la tierra
sin un poema que final que deje en paz a los muertos

y el tiempo va a lo suyo
como los pájaros, los gatos y la mar
como mi sed desbordada en el vino
y mis pigmentos de hoguera manipulando tu memoria de ese lienzo de Febrero

los chopos doblan las campanas, pero no es por ti
aunque sólo llegue tu sangre a desteñir mis papeles cuando vuelvo a quemar esas preguntas donde las palabras son insuficientes

y ha sido la literatura 100 veces sobre la flaqueza de esa cicatriz taladrando mi ventana
lo ha sido, con violencia, sobre tu memoria grabada en el vacío de mi pecho

y en el pacto con los sapitos cuando llueven las pérdidas el reclamo de un suicidado pronombre

lo ha sido en mi carne y en mi inexistencia
cuando al cruzar del valle, el cierzo atormentaba el silente de tus hoyos en mi piel y en el verbo

tal vez de ahí, vino ésta entropía de caballos del abismo despellejando la rosa de jericó, donde una vida, tan desarmada y frágil, sólo es capaz de amar, aunque no sea recíproco en la muerte, ninguna mirada que estire el cubismo para darle a la fe,  un violin y una botella de ginebra

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