HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

en el descansillo de tu letanía
yacían cigüeñas que prevaricaron la incorporeidad de la mano en la mano, de la sed en el vino, de mi amor en tus infiernos
y se hicieron de todas y de nadie
putas y santas, de un porqué prófugo
que estallaba en mis insomnios como la despedida del espigador en las navajas

y ahora la esperanza
es un nota rota de una melodía
somos como las orugas y como los charcos

con tantas casas voladas por dinamita dentro
que la canción se desarma en la azotea y salta
sin aguardar la morada de tu voz

ya no buscamos testigos ni espías
soy la zorra exclamación de un indeterminante

estoy desposada con la nada
en esa fiesta a la medianoche de tus barcos
entre los peces que serán asesinados
por el violenchelo de una epidemia de vete a saber qué pronombre en la desventura
que multiplica en tu mesa la razón de mi desequilibrio y amortaja con absenta las excusas que ya no se molestaron en desmentir el pecado de aquella pensión con tu oscuridad dentro

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