HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

está la murga de mis desaparecidas comiéndote la máscara
y momificando en mi piel con tu sangre un clavel de etanol
y está la prostitución del hueco en la vanidad del precipicio
aviantando en el corazón el vértigo de estar a punto de llegar a una certeza
porque saber, aunque dure dos segundos, es matar cien libros y escribir mil despedidas
y luego desconocer es dar patadas de yeso en el pastizal

y amar
es lo más raro de todo

porque somos todos unos locos
porque tenemos un raro producto en el vacío de la mano
y yo aprendí primero a hablar con los mastines y luego con la humanidad

y quise abortarme a mí misma
y nacer hija de los lobos o de las enanas blancas

pero nunca fui nadie
no vine de la tierra, ni de la mar, ni del aire, ni del fuego
no vine de un poema, no pude quedarme en ningún sitio ni tomar una forma que no fuera a irse

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