HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

éramos peregrinas
de la sombra acuchillada en el mirlo
de la pobreza codiciosa de tus huesos
cuando solas y rendidas, deshojábamos soledades al viento

aquí
sola
en la disyuntiva
de tu sujeto borrando la ornamenta de la noche
con la suciedad en tu tinta
lascivando mis ojos cuando te preguntan por la vuelta
torturando los pies de plomo en el sepelio que te bajó al moro un frío enero sin esperanza
por esos caminos castigados de inmensidad
cuando el hambre saboteaba la manipulación del verbo

cuando la otredad
es un atraco de la momifación de los maizales
cuando vienen las horas matándote el norte
y expulsas un grito que no puede respaldar la tierra

y yo
retorcida de la polea de tu tango
bajó y bajó
el cuchillo de la helada
por mi piel como si te tomara
como si pudiera asirte a mis muertos
sin prostituir tus líneas de la mano en la guitarra que trae la sangre

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