HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

hay disparos del amor cuando muda de esqueleto y de espada
que no se sacian ni del agujero negro
ni de la descomposición de todas las palabras en el fusil de los muertos
cuajando el rocío en tus ojos de salmuera y de hadas
como la muerte que me oirá por última vez cruzar el río del olvido
con tus flores sangrando en mi vagina como las cartas suicidas que nunca dieron recibo

hay amores que han sido en lo Imposible
y que su muerte ya nunca encuentra sepultura ni cicatriz
y sangran de forma caduca, en las aspas y misiles de la luna, y penetran en mi infierno, el doloroso rostro de lo perpetuo, embargándome el fin que le podría dar al ahorcamiento de mi muñeca de trapo para cesar el tormento del poema

hay agujeros indigeribles por nuevos agujeros
golpes de heraldos negros en la albura de la estupidez y de la eternidad
cuerdas inacabables amarrándome el pecho a los truenos de la nada y mancillando tu voz en todo lo que me toca

hay cementerios abiertos de costilla a costilla, en el silente que envía el cosmos y las invisibilidades que profanan cada noche tu cadáver en mi agujereado corazón

y ni el delirio puede engañar al síndrome del exarcerbado suicida de tu canto

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