HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

tus ojos de barro
en el grito del precipicio
cuando asaltaba
el dolor de la helada
desde mi cuerpo a tus barcos que no volverían

y desprendí
con hachas
la tercera persona
que sólo era tuya, desde mis hoyos
porque no volvería a sonar el amarillo desde tus pigmentos
porque estaba quemada mi casa en tus patios
y los pájaros que lo supieron huyeron antes de que te tocara

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