HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

es la hora del barro y la ceniza
siempre es esa hora aquí
voces de columpio atadas a los mirlos
golpes del naufragio acabando una historia cualquiera
atando en la continuidad las fueros del absurdo
y allá suena esa canción, bailan los muertos y los vivos
mi corazón es esparadrapo en el cerebro del espantapájaros
goteando la lluvia y tu tango
dándole mi última certeza al payaso ebrio de abril

no hay diferencia entre lo que llega y lo que se marcha
ha sido tan insaciable esa despedida
que mi lapicero empaña la vulva de la matrona en tu sepulto
y así nacen mis hijos suicidados de tus manos y de tu olvido

yo les engaño un carnaval y una aguja
desobedezco el territorio de la polilla en todo lo que toco

el daño se convirtió en un recurso poético
la pérdida fue literatura

aquél sentimiento está tan lejos de mi presente
que una alucinación lo hace una cerbatana en el abandono de mi tierra

mi casa es una lumbre en la nostalgia del cadáver de la cigüeña
peregrinación de un cielo muerto debajo de tus botas

el anacoluto me amamanta en el frío, me lleva a casa en las carreteras voladas por los aires, cuando el poso de vino escupe tu máquina de escribir en mi cementerio de recuerdos colgados por pinzas de la nube que mea cianuro en las ciudades

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