HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos


la calle gris masticándote motivos del exilio
que mezclar con el vino y con la vuelta de campana del duelo entre dos mundos inasibles
ese amor de Hamelín entre la alcantarilla
al golpe del humo verde
a la flor clandestina

mientras tú te caes de todos los verbos entre mis piernas
y ya no traen los pronombres cuentos de estación
y la milonga no se moja las bragas con tu maría ni tu salvación

encima del barracón
rayando el mármol con la saliva
que en esa noche te congeló la tumba en los labios

y yo no era nadie
ni una sola palabra quería permanecer en tus ojos
ni una morada que no se tragaran los cocodrilos

sin control, sin freno, sin credo ni entelequia
desnuda en la nieve
destazando palomas con tus retratos de rata roida en el piano

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